La Novia Mustia.


La Novia Mustia.
Marcel Díaz.

Personajes:
-El Coronel.
-El Novio.
-La Novia.
-El Sacerdote.
-La Madre.
-El Padre.
-La Hermana.
-El Abuelo.
-El Árbol y Sombra que Pasa el Micrófono.
-Amigo.
-Primo.
-La Exnovia.
-La Mamá.
-La Dama de Honor.
-El Paje.
-El Bastardo.





Acto único.
Se abre el telón…

Coronel: (Sentado cabizbajo y de triste modo, narra al profundo centro del escenario) Aquí estoy, hecho presente en triste dicha para contarles una historia… una historia que envenenará tus pensamientos del día y torturará tus sueños nocturnos, de modo que haré lo mejor mío, pues no hay palabras que sean escritas ni pinceladas a trazos sobre puesto lienzo que describiesen lo que en aquel día - ¡Lúgubre día! - acaeció para nunca más…

(Se disponen dos sillas al lado izquierdo de perfil al Coronel. En ellas La Madre y Padre toman asiento y permanecen silentes).

Coronel: (Entonando retraído). Era un suave día, volvía hace corto tiempo de la belígera Guerra. Tras ver reiteradas veces a más de tantos aguerridos compañeros caer sobre el campo de batalla, exhaustos, desplomados, desmembrados o decesos… lo único que reparó para alivio mío fue la grácil bienvenida de mi bella esposa y la sorpresa de mi hijo, cuya edad no encimaba las dos décadas siquiera.
(Entran El Novio y La Novia tomados de las manos y se detienen frente al Padre y la Madre).

Novio: (entontando en tono cortado y de modo nervioso). Padre, madre… (Exhala un suspiro) mi novia y yo hemos tomado finalmente una esencial decisión, tras largo tiempo unidos.

Madre: ¡Finalmente!

Novia: (del mismo modo que el Novio). Y creemos oportuno el pronunciarlo ante ustedes.

Novio: (Suspira fuerte). Contraeremos matrimonio… Lo hemos deliberado tanto durante vasto tiempo, y ahora que usted, padre, ha vuelto incólume de la belígera Guerra, no hay momento más propicio.

Padre: (Se incorpora abrupto, y observa con torva faz al Novio) ¿Es correcta la decisión que han tomado? (Coloca sus palmas a hombros del Novio).

Novia: (De modo vehemente). Nunca más precisa…

Novio: Sí, padre. Jamás tan idónea… Y si ante esto usted se opone…

Padre: (Irrumpiendo) ¿Crees que es el tiempo correcto?, no hacen dos décadas siquiera de tu nacimiento, hijo. ¡Hay mucha vida que te depare por delante!

Novio: ¡Lo comprendo!, pero es que deseo, con refulgente voluntad, pasar el resto de lo que mi vida sustrae, sea el tiempo mayor que los días que hasta hoy he vivido, sea tanto como nuestro amor conmueva… con ella, con ella y no hay nadie más.

Padre: (Echa un fuerte suspiro y abraza al Novio, palmeando su espalda). Era esa la réplica que quería escuchar (decía liberando al Novio de su abrazo y observándole con ilusión).

Madre: (Se incorpora con un aplauso estrépito, entonando boyante) ¡Felicitaciones!, ¡Finalmente se ha decidido! (abrazaba alegre al Novio y a la Novia).

(A continuación, el cuarteto se retira del escenario, y mientras hable el Coronel, la escena se organizará de este modo: Se dispone de una mesa al preciso centro del escenario, y a cada uno de los lados se colocan cuatro sillas sobre las que se sientan la Mamá, el Abuelo, la Hermana y la Novia, tomando de la cena que se sirve de unos cerámicos platos).

Coronel: A lo largo de las consecuentes semanas, en las casas y andenes no se hablaba cuestión más que prematuro casamiento del hijo mío. Pues de la belígera Guerra, al lado de llevarme hacinadas vidas, consigo traje gloria, prestigio y honores, y por ello, que el primogénito de un aguerrido Coronel oriundo del pequeño pueblo en el que le dio vida se casase con tan bella muchacha… era la más de las polémicas…

(Hablan mientras se sirven de la cena)

Mamá: De modo que es el hijo del Coronel con el que te desposas.

Novia: Así es, mamá.

Abuelo: Si mi hijo aún viviese, o le vería con torva mirada o te admiraría con ojos diáfanos.

Hermana: Y si tú no fueses, yo hubiese sido la novia por más seguro.

Novia: ¡Pero no es así!

Mamá: Espero que en él encuentres el reparo al daño que el Bastardo aquel hizo en ti.

Novia: (mascullando). De eso más no se habla, madre…

Mamá: Perdona.

Abuelo: (echando gran suspiro). Pero era natural.

Mamá: ¿El qué, abuelo?

Abuelo: Es natural que ambos dos concluyeran juntos, sino desposados. Pues se conocen, quizás, desde el tiempo en el que aún hacía la niña peso sobre ti y él sobre su madre.

Hermana: Ciertamente. Recuerdo con tenue memoria las copiosas tardes, que se hacían diarias, en las que él, de piernas sucias por jugar entre el lodo, caminaba desde el extremo opuesto del pueblo hasta aquí sólo por tener un momento a tu lado.

Mamá: (Entre gráciles risas). Era un niño con un espíritu fulgurante y un vigor inagotable.

Abuelo: Remembro la vez en la que, jugando hilarante e imprudente donde las vertientes del río, caíste trémula al agua y te torciste el tobillo. El niño, prorrumpiendo entre caudales llantos te trajo aquí justo a cómo la fuerza le dio bajo el pensamiento de que te habías roto el pie y más nunca caminarías.

Novia: (Entre risas). Eso fue hace mucho tiempo, abuelo.

Hermana: Pero a sus sentimientos no correspondiste y tres años de tu adolescencia desperdiciaste tras un tipo que sólo desgracia trajo con lo que él decía que era ardiente amor.

Novia: ¡De eso más no se habla!

Mamá: Por favor, sosieguen.
Se hizo un momento de sepulcral silencio en el que mudos se servían de la cena.

Novia: Abuelo.

Abuelo: Dime.

Novia: ¿Me llevarás tú al altar?

Abuelo: ¿Quién si no yo?

Mamá: De toda la vida, le has dado hastío oficio al abuelo.

Novia: Y puede que esta sea la última de las solicitudes.

Abuelo: Y lo haré con fuerte denuedo, hija. Será grande y grato favor para ambos nosotros, pues supone un día de alborozos entre las familias.

Mamá: ¡Será un excelente día!

(La escena termina, el cuarteto abandona el escenario y el Coronel da comienzo a su monólogo, y mientras hable, la escena se organizará del siguiente modo: Se disponen dos sillas a la frontal derecha del Coronel de modo que se orienten a su izquierda, y frente a ellas se sitúa un podio, que en cuyo tramo se replegará una alfombra roja).

Coronel: Acaeció entonces el día, luego de arduo oficio y burda labor que trasnochó a las familias a lo largo de una luenga semana, en la que cada día, a la vez que la ceremonia se hacía más próxima, acrecentaban los aires de júbilo y las expectativas que hacían de la boda algo sublime por acontecer. Yo, que llegué al primero junto con la Madre y el Novio, advertí cómo la hueste se congregaba dentro de la capilla, y con ella crecían los rumores y conversaciones que sucesivamente llenaban la sala entera. A mi corazón auscultaba cada vez más fuerte, causa del orgullo que encandecía en mi pecho al ver al hijo mío de pie sobre la tribuna esperando estoico por su bella Novia.
Entran los invitados y se ubican en un par de filas que recorren hasta las sillas sobre las cuales se sentarán los desposados, y tras el podio, permanece de pie el Sacerdote.

Primo: Aún no estimo que nuestro primo y compañero de juegos se case prematuro.

Amigo: Ni yo. Es muy joven a mi consideración, como para dar el largo paso que dé un giro tortuoso en su vida.

Primo: ¿Y tú te casarías tan presuroso?

Amigo: (Entre irónicas risas) Rotundo no. Soy parte de los hombres que disfrutan de la libertad por sobre las prisiones a las que te recluyen las esposas.

Primo: Y yo.

Amigo: Pero mírale feliz y campechano, esperando estoico por la bella Novia que tuvo la dicha de corresponder.

Primo: No creas, sufrió por ello.

Amigo: ¿Sí?

Primo: Y no reparas cuánto, esa doncella le hizo las más de sus noches lúgubres instancias en las que luctuoso lloraba por la no correspondencia.

Amigo: Cruel…

Primo: Pero le rindió frutos.

Amigo: Ya lo veo…

Madre: ¿No se ve hermoso nuestro hijo?

Padre: Como todo un talante caballero.

Madre: Mírale a los ojos, cómo brillan alborozados.

Padre: No. Más bien, de sus ojos propaga tan relumbrante mirada, que reduciría trémulo sobre sí hasta el más vívido de los corazones.

Madre: Sí, nunca mejor dicho.

Hermana: (A la exnovia) Y ahí le ves, estoico de pie sobre la tribuna, esperando vehemente por la doncella con la que ahora se desposa, y que pudiste ser tú.

Exnovia: O tú.

Hermana: Pero nunca fue mío, y porque no, no debía. Mas tú una vez lo ataste a tu yugo e incrédula le libraste.

Exnovia: Fue buen chico.

Hermana: ¿Y eso, en cambio, no te daría más razones para asirle con aún más vigor?

Exnovia: No, lo contrario, amiga. Era tan bueno y solícito, que sentía que al más mínimo toque y le rompería en miles de fragmentos.

Hermana: ¿Por qué?

Exnovia: No soy cándida doncella.

Hermana: ¿Y sólo eso?, con él pudiste serlo.

Exnovia: Lo cierto es que él, dispuesto se ató a mí para liberarse del yugo con el que la no correspondencia le aprehendió.

Hermana: Algo que no debió ser.

Exnovia: Y si lo fue, por algo fue.

Coronel: (irrumpiendo) Entra la novia a la capilla, caminando a tardo paso hacia la tribuna, siendo llevada del hombro de su abuelo, que caminaba decrépito. Los rumores enmudecen y las miradas se detienen embebecidas sobre la figura de aquella bella dama que vestía en níveo traje de delicada costura y que cargaba tierno con las manos a su pecho un ramo de espléndidos sacuanjoches, con un velo que expresaba la pureza con la que la doncella subía al altar.
El Abuelo deja a la Novia adyacente al Novio, y hecha la reverencia se sitúa en su lugar.

Novio: (Tomando suave y tenue de la mano de la novia, e imprimiendo en ella un delicado beso). ¿Desacierto al decir que hoy ahora tu suntuosa belleza refulge con aún más fragor que nunca antes? (Le devela el rostro de suave manera).

Novia: (con linda mirada) En lo absoluto.

(Ambos voltean y hacen frente al Sacerdote, que les observa solícito desde el podio).

Sacerdote: (De manos extendidas). Queridos hermanos, aquí reunidos: Aquí permanecemos en pos del altar, porque así el Santo Señor corrobore con su indemne potestad vuestra voluntad de contraer Matrimonio ante el Ministro de la Iglesia y la comunidad cristiana ahora reunida. Cristo bendice copiosamente vuestro amor conyugal, y él, que os consagró un día con el santo Bautismo, os enriquece hoy y os da fuerza con un Sacramento peculiar para que os guardéis mutua y perpetua fidelidad y podáis cumplir las demás obligaciones del Matrimonio. Por tanto, ante esta asamblea, os pregunto sobre vuestra intención: Novio y Novia, ¿venís a contraer matrimonio sin ser coaccionados, libre y voluntariamente?

Novio y Novia: (Al unísono) Sí, venimos libremente.

Sacerdote: ¿Estáis decididos a amaros y respetaros mutuamente, siguiendo el modo de vida propio del Matrimonio, durante toda la vida?

Novio y Novia: (Al unísono) Sí, estamos decididos.
Sacerdote: Así, pues, ya que queréis contraer santo matrimonio, unid vuestras manos, y manifestad vuestro consentimiento ante Dios y su Iglesia.

Novio: (Tomando terso a la novia de su diestra) Yo, recluso de tu yugo, te quiero a ti, mía musa, como esposa y así me entrego: prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida.


Novia: Yo, enlazada a tu mano, te quiero a ti, amado mío, como esposo así me entrego: prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida.

Sacerdote: El Señor confirme con su bondad este consentimiento vuestro que habéis manifestado ente la Iglesia y os otorgue su copiosa bendición. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. (extiende sus manos) Bendigamos al Señor.

Novio y Novia: (Al unísono) Demos gracias al señor.
(Se encaminan la Dama de Honor y el Paje hacia el altar donde permanecen el Novio y la Novia, la una carga a sus manos una almohadilla sobre la que dispone el par de anillos y el otro, carga con las arras).

Sacerdote: (De manos extendidas) Dios bendiga estos anillos que vais a entregaros uno a otro en señal de amor y de fidelidad.

Novia y Novio: (Al unísono). Amén.

Novio: (colocando el anillo en el dedo anular de la mano izquierda de la Novia). Musa mía, recibe esta alianza, en señal de mi amor y fidelidad a ti. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Novia: (colocando el anillo en el dedo anular de la mano izquierda del Novio). Amado mío, recibe esta alianza, en señal de mi amor y fidelidad a ti. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Sacerdote: Bendice, Señor, estas arras, que pone el Novio en manos de la Novia, y derrama sobre ellos la abundancia de tus bienes.

Novio: (Tomando de las arras que el Paje sirve de sus manos) recibe estas arras como prenda de la bendición de Dios y signo de los bienes que vamos a compartir (dice mientras entrégalas terso a manos de la Novia).

Novia: (Devolviendo las arras del mismo modo al Novio) recibe estas arras como prenda de la bendición de Dios y signo de los bienes que vamos a compartir.

Sacerdote: Hecho ya el sacro juramento, puede besar a la novia.

(El novio y la novia se besan).

Coronel: Y fue así que aconteció. Luego del benévolo soliloquio del casto Sacerdote y el término de su beato, el festejo y conmemoración de la ceremonia culminó con las palabras de congratulación de parte de los congregados hacia los ahora esposos, ¡Lúgubre y funesta fue aquella noche en la que sobrevino el fin a más que la boda sola!

(Los presentes se incorporan y exaltan aplausos a los recién casados. Seguido, se sitúan los personajes todos uno en pos del otro en luenga fila, y congratulan así a la pareja)

Madre: (Conmovida entre lágrimas) ¡Felicitaciones hijo!, ¡Y felicidades a la novia!, ¡Vivan gozosos y que Dios solo desate el inflexible lazo con el que se han unido! (Abraza al Novio y a la Novia).

Padre: (Estrechando con denuedo la mano del Novio y dándole un fuerte abrazo con palmadas a su espalda) ¡Felicitaciones hijo!, ¡Benditos sean en el nombre de la caridad y de la buena voluntad para que así no carezcan de virtud y el infortunio no acontezca! (abraza a la Novia)

Exnovia: ¡Si ella no hubiese sido, fuese yo!, ¡Felicidades a ambos! (Abraza a la pareja).

Hermana: ¡Felicitaciones a los novios!, espero que aún casada de tu familia no te olvides, hermana (Abraza a la novia).

Novia: ¡Jamás sucederá!

Mamá: (prorrumpiendo entre sollozos) ¡Si Dios nuestro no hubiese segado intrépido a la vida de tu padre, seguro y lloraría ahora con el corazón colmado de orgullo! (Abraza al Novio y a la Novia).

Novia: (prorrumpiendo) ¡Seguramente nos ha de ver con ufana faz desde arriba por los cielos!

Abuelo: (Entonando de trémulo modo) Hijo, si hay algo que encarecido requiriese de ti, sería una cosa sola: Por favor, cuida de mi nieta como más yo no puedo hacerlo, ámale con bizarría y consiente todos sus deseos, pues la longeva decrepitud ya no me lo concede (Abraza a los recién casado).

Novio: Cuente con ello, abuelo.

Primo: (Abrazando al Novio). ¡Ahí te nos llevas a nuestro compañero de juegos!, procura traerle de vez en cuando con nosotros, por como es de gracias su compañía, ¡Que ahora nos será falta!

Novia: ¡Procuraré no recluirle a imposible prisión!

Amigo: (Abrazando a la pareja). ¡Te nos vas muy lejos!

Novio: ¡No me voy lo suficiente como para lamentar mi partida!, ¡De vez en cuando concurriré a tu posada y pasaremos el debido tiempo!

Coronel: Conmovidos todos, hasta el más impávido de los presentes, por la beatitud tan grata de aquella ceremonia, celebraban entre chistes, júbilo y sonrisas lo que restaba de ella, hasta que acaeció, como antes de la tempestad se oye la pacífica calma, del mismo modo, aquella infausta escena, ¡En la que murió más que sólo la fiesta!

Bastardo: (introduciéndose furibundo y parcialmente ebrio a la capilla con torvo y violento paso, e infiriendo en estrépitos gritos) ¡NO ME DESPOJES DE MIS PERTENENCIAS! (profería al Novio mientras a él marchaba con ira)

Coronel: ¡Ea las vicisitudes!, ¿¡Cómo de un corto lapso a otro puede la vida tornar de efímeras risas a inacabables lamentos!?

Novio: (confrontándole) ¿¡Quién eres tú!?

Novia: (Confrontándole) ¿¡Qué haces tú Bastardo, en una ceremonia de la cual no recibiste invitación alguna, y donde a tu presencia se abstiene de invocar!?

Bastardo: ¿¡Bastardo!?, ¿¡Yo!?; ¡Bastardo, réprobo e idiota él, que me ha despojado de ti!

Novia: ¿¡Despojarme de ti!?, ¡Lo que contigo pasé ya fue para nunca más, Héctor!, ¡Supéralo!

Bastardo: (Tratando de acercarse a la novia, siendo evadido por ella al retroceder con suspicacia) ¡No, amada mía!, ¡Lo nuestro está supuesto para que dure más que la eternidad misma!

Novia: (Retrocediendo entre recelosas lágrimas) ¡Aléjate!
Bastardo: ¡No me iré de aquí si no es contigo!

Novio: ¡NO TE ACERQUES MÁS! (Empuja con impetuosa fuerza al Bastardo)

Bastardo: ¡TÚ NO ME TOQUES! (Atiza un recio golpe con su diestra al rostro del Novio, y este se lamenta)

Novia: ¿¡A TI QUÉ TE SUCEDE!? (Se abalanza hacia él).

Bastardo: ¡SOSIEGUEN! (Presto saca de su bolsillo un revólver que encañona a la sien de la Novia, y todos los presentes se muestran absortos y aterrados)

Novia: (prorrumpiendo horrorizada y de voz trémula) ¡N-no!, ¡Por favor Héctor!, ¡Vete de aquí!

Bastardo: (Entre estruendosos gritos) ¡No me iré si no es contigo!

Novio: (gritando) ¡LA MUERTE ES LO QUE TE LLEVARÁ CONSIGO! (Trata de aproximarse al Bastardo con torvo paso, pero éste le encañona)

Padre: (irrumpiendo) ¡Ya basta!, ¡Largo de aquí, tú!, ¡Energúmeno irrisorio!

Bastardo: (Apunta hacia el Padre, que se encamina a él de modo estoico) ¡Ni un paso más, viejo malsano!, ¡Que si tus plantas avanzan lo que es el tercio de una micra, que tu faz no repare los estragos de la pólvora!

Padre: (Se detiene firme) ¿¡Crees que yo, alguien que a sus sentidos reparó la funesta y belígera guerra, que pena y males trae consigo, me reduciré trémulo por el cañón del revólver que un niñato celoso sostiene con sus tersas y débiles manos!?, ¡Vete lejos antes que haga con tu semblante algo irreconocible a la figura que de ti sostiene tu madre!

Bastardo: ¡Calla!, que de ti nada requiero.

Novio: ¡MALDITO! (atiza presto un fuerte golpe sobre el perfil del Bastardo, y le hace retroceder)

¡BAM!...

(Se hace un pronunciado silencio fatal)

Coronel: ¡Maldito miles de veces sea el hombre que deposita solícito su plena confianza a manos de otro con su misma carne!, ¡Cuando la sala enmudeció y la hueste atónita se encogió sobre sí en un fatal y mortífero silencio, se escuchó el cadáver de mi hijo resonar estrépito contra el suelo reverberando sobre las ateridas paredes de aquella mancillada capilla!, ¡Estaba muerto!, ¡Ese Bastardo malnacido que iracundo trajo consigo los vestigios de la Belígera Guerra acabó con la floreciente vida de mi primogénito!, ¡Ay la fatalidad!, ¡Funesta e inenarrable fue la fatalidad que a todos los presentes de súbito fulminó cuando tras la bruma del aturdimiento advirtieron, de execrable modo, que en la sien suya espetó una letal bala!, ¡Una letal bala!

(Mientras habla el Coronel, el escenario se despeja y se dispone en seguida del propuesto modo: al preciso centro se sitúa un ataúd, dentro del cual yace el Novio, adornado de guirnaldas y conmemoraciones, y en su derredor prorrumpen inagotables llantos los personajes todos, excepto el Bastardo y la Novia)

Coronel: Inacabables y trágicos llantos enervados de impotencia colmaban la sala entera. ¡Mi hijo fue muerto por el disparo que detonó el gatillo tirado por la frenética e implacable merced de aquel Bastardo!, ¡Mi hijo se fue, y ahora sus desfigurados despojos yacen exánimes dentro de un sarcófago del que nunca más saldrá!, el réprobo se desvaneció entre la fuga y ni se busca ni se encuentra… y la novia… la novia no se halla…

(Con sigilo, abandonan la sala los personajes todos, y de lento y abatido paso la Novia 
se sitúa frente al ataúd, con un revólver en mano. Mientras lo hacen, habla el Coronel)

Coronel: (De tono lúgubre e inexpresivo) Son así las vicisitudes, de un breve lapso a otro, las joviales risas en lamentos retraídos se tornan con facilidad extrema, y del mismo modo el júbilo se hace duelo, el hilo sobre el que la vida se columpia al mínimo toque de la Muerte nefasta se deshace a nada, y su velo fatal cubre sobre aquella, llevándole consigo adonde nunca más se vuelve; la línea etérea que se traza entre la alegría y tristeza no es más que una abstracta película frágil y tersa que como el cristal, al mínimo toque se desfragmenta en miles de piezas, y de ello surge una desastrosa vorágine que todo sentimiento consigo devasta, y hasta a la más oscura umbra como el más negro abismo ofusca… Polvo al polvo, viento al viento, cenizas a las cenizas, fragmentos entre fragmentos, muerte a muerte, y con terrible angustia… Relato la muerte de la Novia Mustia.

(Y la Novia, de un tiro en la cabeza, acaba con su vida).



Fin.

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